Que exitante es hallar un asiento vacío siempre que venimos cansados.
Al verlo nos acercamos a el rápidamente,
como si un calambre nos comiera la pierna.
Que rico es sentarse,
cuando se viene cansado.
Y que desagradable, es encontrarlo caliente.
Cuando una palabra rompe cabezas, como cuchillo en mantequilla caliente, no hay más poder que el que le otorgo a mi mano para apretujarte el alma.