Inevitablemente tengo que mirarte,
un poquito más abajo.
Tu cinturita casi imperceptible.
El bultito casi notorio.
A veces un poquito más arriba.
La erección de tus suaves tetillas,
esos dos puntitos que marcan el relieve de tu camisa cuadrillé.
Y tu bigote, oh sí, tu bigotito si que mata.
A mi me mata.
Me hace sentir un poquito más, más, más...Maaaaaaás!! ahh!
[descanso]
Tus manos si que tienen bien marcadas esas líneas, y ásperas,
que prácticamente o casi literalmente me provocan cierto grado,
casi ínfimo, más íntimo diría yo,
de TERNURA.
Absolutamente inconfundible tu olor,
reconozco tu olor; tu sudor, tu cuerpo, tu pelo.
El de tu sexo por encima de todos.
El de tu cuello, ése, sigue siendo el más especial.
Es el que tengo en mi nariz en todo momento.
Y como un perro reconoce su hueso, así mismo,
levanta la pata para mearlo, marcando su propio,
indiscutible,
totalmente perceptible olor.
Cómo podría olvidar tu cuello? más que tuyo mío,
como un perro, (ya dije),
como mi olor en tu olor,
como un aroma incomparable e implageable.
Mi corazón vulnerable
bombea más fuerte.
Y cuando tu cuello está cerca
mis secreciones aumentan en un 200, 300,
400 % y mi olfato como el de un Lobo se agudiza
y eventualmente mis pezones se marcan en tu camisa cuadrillé.
Solía frotar mi nariz por MI- TU cuello,
para sentir, casi agonizante,
nuestro aroma.
Con el estómago apretado.
Brota una lágrima de mi ojo.
Todo sentir disminuye;
NO RECONOZCO "ESE" OLOR.
26/4/09
15/4/09
14/4/09
8/4/09
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


