
Encendí el cigarrillo.
(tenía el teléfono a 2 cms de mi cabeza).
Terminó por consumirse;
en mi boca,
en mi pecho,
en mis pulmones.
Y no sonó.
(ya lo suponía.)
Cuando una palabra rompe cabezas, como cuchillo en mantequilla caliente, no hay más poder que el que le otorgo a mi mano para apretujarte el alma.
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